El vínculo entre el perro y el ser humano

El vínculo entre el perro y el ser humano comenzó a forjarse hace miles de años, como ayuda mutua para la supervivencia. Por ello es que Maurice Maeterlinck dice que de todas las especies y formas de vida que hay en el planeta, únicamente al perro forjó una alianza con el hombre –que aportó gran beneficio al perro, ya que mientras muchas especies animales están en peligro de extinción, se ha desarrollado una gran industria para el bienestar canino–. Sobre cómo y cuándo se formó esta relación —que es evidenciada en los restos fósiles que pudieron hallarse y analizarse hasta la fecha—, existe un amplio debate y controversia; la comprensión de este proceso nos puede ayudar a significar el rol que cumple hoy el perro en una organización militar.

Hasta hace unos años la evidencia física señalaba que la domesticación del perro había comenzado en Asia hace unos 15.000 años, precisamente en China, vinculada a incipientes prácticas agrícolas. Los primeros asentamientos habrían atraído a los lobos en busca de desperdicios, dando comienzo así a las primeras interacciones con los humanos. Un estudio presentado en la revista Science en noviembre de 2013 postula, en base a un estudio realizado con técnicas de ADN mitocondrial, que los primeros que domesticaron perros fueron los cazadores-recolectores en Europa hace unos 32.000 años. Este nuevo dato –que al lector desprevenido puede parecerle una mera anécdota– modifica la comprensión sobre la relación del perro con el hombre.

Según la teoría del acercamiento del lobo, el ser humano ya se había asentado y vivía en pequeñas comunidades agrarias, o sea había adquirido el conocimiento de cómo aprovechar las plantas, seleccionarlas y controlar sus ciclos reproductivos, de crecimiento y cosecha. Para estas comunidades, el lobo se presentó primero como una amenaza que pudo ser domesticada. El lobo sufriría modificaciones en este proceso, entre ellas la de su sistema digestivo, que le permitiría alimentarse de almidones, tornándolo menos agresivo y más dócil. Así, el perro se transformaría en una mascota que podría cumplir diferentes funciones.

El nuevo estudio nos brinda una nueva concepción del vínculo perro-hombre; la alianza entre ambos se habría producido en un contexto de alta escasez, como era el de los recolectores y cazadores que perseguían a sus presas o buscaban los frutos naturales hasta que su agotamiento, no había excedentes para volcarlo a la cría de animales; más bien, todos los integrantes de la tribu debían cumplir una función, y para ser parte de la misma, el perro también debía mostrar su valor. Y así como el hombre fabricó utensilios y armas para aumentar sus capacidades —dando punta a un palo o afilando una piedra, sobre todo para poder alimentarse de carne—, tuvo que asociarse al perro para acometer nuevas empresas; este, el perro, aportó su ferocidad y su sentido del olfato, muy superior al del hombre.

Así llegamos a una primera conclusión, y es que, al inicio de la relación entre hombre y perro, comenzó en forma cooperativa, determinada por la supervivencia y guiada por la división del trabajo; en los comienzos dicha relación tuvo más la forma de una alianza que una conquista —en aquel entonces, por su escaso desarrollo simbólico, el ser humano debería diferenciarse mucho menos de los demás animales—. Al interactuar, ambas especies iniciaron una proceso transformador en ambos sentidos, el perro (Canis lupus familiaris) es resultado de la domesticación de los lobos (Canis lupus), a la vez que esta fue la primera experiencia de domesticación de un animal por el ser humano, teniendo ello una gran incidencia en su desarrollo cultural; este fue precedente y brindó conocimiento para la domesticación de otros animales que cumplirían funciones económicas, sea de transporte, fuente de alimentos o para la producción textil.

Una vez establecida dicha alianza, el perro demostraría capacidad para cumplir funciones útiles al hacer humano; lo que determinaría la utilización de dichas habilidades para actividades no fue la destreza física del perro –hay varios animales con destrezas sobresalientes– sino la inteligencia canina, esto es, la posibilidad de integrarse a la manada humana –así nos ve el perro–, aceptando un orden jerárquico y desempeñar un rol. Puede ser utilizado para el pastoreo, y el perro puede distinguir cuando un animal es una presa y cuando es un elemento valioso para su manada; para brindar seguridad, alertando con el ladrido ante la presencia de una amenaza, o disuadiendo por la mera actitud de ataque; también se puede servir del perro para hacer la guerra.

Así como nos referimos a las primeras evidencias físicas de cómo se conformó el vínculo entre el perro y el hombre, también podemos dar cuenta de cómo en el transcurso de estos miles de años para el ser humano el instinto de manada se transformó en una tendencia a la socialización que trajo la conformación de civilizaciones —una manada a gran escala, mediada por símbolos—. La lucha por la supervivencia contra la naturaleza en un entorno de escasez mutó a una confrontación por los recursos y la supremacía. Las civilizaciones comenzaron a hacerse la guerra y para ello crearon el instrumento militar. La emergencia del campo militar, con conocimientos y procedimientos específicos, fue necesaria para alcanzar un dominio más eficiente en el uso de las personas y las armas. El perro, como aquel primer lobo que acompañó al hombre en sus excursiones de caza, sería parte también del campo de batalla.

El perro en la historia de la guerra

Son varios los ejemplos documentados en la historia militar de la utilización del perro de guerra, pero comencemos con una anécdota de Napoleón Bonaparte: la imagen que más lo impresionó luego de una batalla no tuvo que ver con el hecho de armas, sino con un perro; ocurrió en Bassano en 1796, y así lo relata:

“Estábamos solos, en la profunda soledad de una hermosa noche de luna. De repente, un perro saltó de debajo del manto de un cadáver. Vino corriendo hacia nosotros y luego, casi inmediatamente después, corrió de regreso a su amo muerto, aullando lastimosamente. Lamió la cara insensible del soldado, luego corrió hacia nosotros, repitiéndolo varias veces. Estaba buscando ayuda y venganza. No sé si era el estado de ánimo del momento, el lugar, el tiempo o la acción […] en cualquier caso, es un hecho que nada de lo que vi en ningún otro campo de batalla me produjo una impresión similar. Me detuve involuntariamente para contemplar este espectáculo. Este hombre, me dije, tal vez tiene amigos. Puede tener algunos en el campamento, en su compañía, y aquí yace, abandonado por todos, excepto por su perro. Observé, impasible, las batallas que decidieron el futuro de las naciones. Sin lágrimas, había dado órdenes que llevaron la muerte a miles. Sin embargo, aquí me conmoví, profundamente conmovido, hasta las lágrimas. ¿Y por qué? Por el dolor de un perro. ¡Qué lección la naturaleza nos estaba enseñando a través de un animal!”.

Palabras como “nobleza”, “lealtad” y “heroísmo” son significados que asigna el ser humano a conductas y actitudes que valora; para el perro, ellas son una experiencia vital y el resultado de una relación que establece con su guía. Es con él y a través de él que el perro desempeña su actividad dentro de una organización militar, según dicen en la jerga de los adiestradores, todo ello “se transmite por la correa”. Lo que pudo haber conmovido al Emperador fue haber visto en el dolor todas las características que se esperan de un soldado.

En base a estas características es que el perro iba a cumplir múltiples tareas en el ámbito militar y no solamente en la primera línea de combate. Se tiene noticia que en la antigüedad se los utilizó como medio de comunicación, con un destino trágico para los perros: se les hacía tragar un cilindro de cobre con un mensaje escrito adentro y se lo sacrificaba en destino para extraerlo del estómago.

Cuenta la leyenda, que durante una guerra los corintios habían dispuesto un puesto militar avanzado para brindar seguridad a la ciudad durante una celebración a Afrodita; la seguridad había sido reforzada con cincuenta perros. Por la noche los guardianes humanos hicieron su propia celebración, bebieron de más y fueron sorprendidos por el enemigo. Los únicos que respondieron a la amenaza fueron los perros, que se abalanzaron sobre los atacantes, retardando su avance. En el combate murieron todos los perros menos uno, que volvió a la ciudad y dio la voz (el ladrido) de alarma, lo que permitió a la ciudad de Corinto contrarrestar la invasión. En reconocimiento por tal acción al perro se le colocó un collar de plata con la inscripción «A Soter, Salvador de Corinto». Lo que no queda claro en la historia es si el perro se llamaba Soter y de allí derivo la palabra «salvador».

 

El perro en Malvinas

Los perros de guerra también se pueden encontrar entre las fuerzas militares que combatieron en Malvinas. La Armada Argentina envío 18 perros con sus respectivos guías con la tarea de proveer de seguridad contra posibles infiltraciones de comandos ingleses. En el terreno los perros desarrollarían una destreza muy valorada por las tropas: eran infalibles para brindar la alerta temprana ante bombardeos, especialmente los aéreos.

En los últimos días de combate, se enviaron tres perros y sus guías a primera línea como apoyo táctico a la defensa de Puerto Argentino. Dos de los perros, Ñaro y Negro, nunca fueron encontrados, la restante, Xuvia, regresó con los soldados, pero repentinamente se separó de la unidad en la noche del 13 de junio. Fue encontrada varias horas después dándole calor a un soldado argentino herido, que de otra manera hubiera muerto congelado en la fría noche de Malvinas.

El Ejército contó con la presencia de TOM, una mascota llevada de contrabando a las islas de la tropa del Grupo de Artillería 101. Como los perros de la Armada, TOM mostró su valor al anticipar los bombardeos ingleses contra la posición. Pero hizo muchos más que ello, integrado a la “manada” de soldados que servían un cañón Sofma, les daba alegría y ánimo, acercándose a quién estuviera triste para reconfortarlo. El 11 de junio, parado sobre una roca, dando alerta a un inminente bombardeo, TOM murió alcanzado por las esquirlas de una bomba arrojada por un Sea Harrier.

Según el Dr. Carreras, Gran Bretaña intentó utilizar perros para amedrentar a los soldados argentinos; los perros, de raza Bull Terrier, habrían sido lanzados en paracaídas en las islas, pero por un «error geográfico», o sea, desplegados en cualquier lado, terminaron siendo incontrolables y tuvieron que ser ultimados por los ingleses1.

 

El perro en el terreno

La enseñanza que deja la historia del perro de guerra hasta el momento es que el can puede desempeñar diferentes funciones durante la guerra; también que en muchos casos su utilización no fue prevista antes de las operaciones, sino que responde a las necesidades que surgen del propio ambiente operacional. Ello puede relacionarse con las percepciones que puedan tenerse sobre cual es el centro de gravedad de un ejército; luego de las guerras nos quedan los nombres de los grandes estrategas, o de aquellos cuyas decisiones llevaron a una fuerza a la derrota. Pero en el campo táctico, al nivel del soldado y del cabo, para los millones anónimos que empuñan las armas y entran en contacto directo, la guerra es una abstracción, es un concepto político, distante de las necesidades del combate.

Es en el terreno que el soldado se juega su supervivencia, allí puede morir por una mina antipersonal, por una bala perdida. Es allí donde el perro es valorado, por sus dos características que antes mencionamos, primero por su instinto de manada, su capacidad de integrarse a un grupo humano, y también por poseer capacidades de las cuáles carece el hombre, sobre todo el olfato. Como dice el guía: el hombre ve, el perro huele.

A nivel táctico el perro amplía las capacidades de la unidad de combate, y le brinda flexibilidad para cumplir funciones que sin un perro no podría. En nuestro ejército, el Oficial Veterinario Reynoso, entonces con el grado de Mayor, en el año 1988 logró que se reactivara el Grupo Perros; desde entonces, y luego de mucho esfuerzo y de haber sorteado serias dificultades, el grupo logró consolidar el curso de guía de perro de guerra.

En la actualidad, donde la tecnología modificó la comprensión del campo de batalla dando lugar a la revolución de los asuntos militares –que es una orientación estratégica para obtener la mayor ventaja de los avances tecnológicos en el terreno militar–, el perro sigue siendo un elemento de alto valor para hacer frente a los presentes desafíos operacionales, sea brindando seguridad, detectando dispositivos explosivos improvisados –por ejemplo, en Irak se considera que los perros salvaron la vida de cientos de soldados, al prevenir los ataques por estos medios–, o en la búsqueda de personas, sea personal herido desplegado en el terreno, o la persecución de un objetivo humano de valor alto.

Incorporación del perro al Ejército Argentino

En el Ejército Argentino se adiestran perros con aptitud para cumplir diferentes funciones –seguridad, búsqueda y rescate, detección de explosivos, o para su uso táctico en el terreno de combate– en forma orgánica de unidades tácticas, de especialidades o de apoyo. La responsabilidad de que la Fuerza cuente con perros aptos para el servicio es de la Dirección de Abastecimiento de la Dirección de Remonta y Veterinaria, que la ejecuta y lleva a cabo a través del Grupo Perros del Laboratorio de Remonta y Veterinaria 601 con asiento en Campo de Mayo.

Para que el perro pueda cumplir su trabajo en la organización militar, precisa de un guía que, a la vez que tiene que conocer todo lo relativo al rol de combate de la unidad en la cual presta servicio –por ejemplo, un guía del perro en una unidad de Despliegue Rápido debe estar en condiciones de realizar todas las actividades concernientes a su unidad como ser desplegarse en helicóptero a la zona de combate–, también debe hacerse responsable del bienestar del perro, Volviendo a nuestro ejemplo: el guía será quién deba llevar al perro en el helicóptero y de conducirlo durante la operación militar.

La introducción del perro de guerra al Ejército Argentino es una actividad compleja que requiere la coordinación de diversos aspectos logísticos, de salud del animal, adiestramiento canino y planificación militar.

 

El adiestramiento canino

Es una tarea que requiere tanto de esfuerzo como de profesionalismo, la sola voluntad es insuficiente; requiere conocimientos sobre cinología, la genética, la anatomía como la psicología animal. Así es que el Grupo Perros cuenta con personal específicamente capacitado para la tarea, lo conduce un Oficial Médico Veterinario, y cuenta Suboficiales especialistas con educación formal en adiestramiento canino y años de experiencia en la materia.

La obtención del perro de guerra comienza por la selección de sus progenitores, ya que la genética juega un rol determinante para la transmisión de las características que se espera obtener de las crías. El Grupo cuenta con una hembra que dio a luz varias camadas de cachorros que resultaron aptos para un servicio sobresaliente. Al cachorro se le brindan todos los cuidados sanitarios y afectivos necesarios para que pueda desarrollar las habilidades y conductas necesarias para el trabajo. Entre las varias actividades que se realizan, se los lleva a pasear a la estación de tren para que se acostumbren al contacto con los seres humanos –más adelante expondremos los fundamentos de ello–. A los dos años se seleccionan los perros para diferentes tareas, según su temperamento.

Se utilizan perros de la raza pastor belga malinois por sus características que los hacen especialmente apto para el trabajo –en cinología hay razas consideradas de trabajo, porque adecuadamente adiestrados pueden cumplir servicios al ser humano–. El belga malinois es un perro inteligente, inquieto, intenso, robusto y que puede realizar actividades varias horas al día –hasta los cinco años de vida el perro tiene energía de cachorro–; tiene un instinto de presa excesivamente alto; son estas características que hacen al pastor ideal para el trabajo militar y que también hacen que adiestrarlo requiera un gran esfuerzo físico e intelectual. El belga porque permanentemente quiere jugar —para el perro el adiestramiento y las tareas constituyen un juego— y correr y estar en contacto con su guía. Ello impone que —a diferencia de un arma que se guarda y requiere una limpieza periódica— que el responsable del perro esté atento permanentemente a sus necesidades las veinticuatro horas y que trabaje con él varias horas por semana. La falta de estimulación y ejercicio malogra al perro, desarrollando comportamientos destructivos o neuróticos–.

Una vez obtenidos y seleccionados los perros para el servicio, se les brinda un cuidado y adiestramiento básico. En esta etapa el perro es cuidado a canil, no estableciendo una relación particular con ninguno de sus cuidadores, sin tener un guía fijo –aproximadamente en su primer año de vida–. El establecimiento del vínculo del perro con su guía, “la conformación del binomio” como se la denomina, se deja para el momento en que arriba el personal para asistir al curso de guía de perro de guerra; es en esa oportunidad en que el perro forma rápidamente el vínculo al tener el contacto todos los días con su guía y realizar actividades a tal fin.

Si bien al finalizar el curso, el perro se va con su guía a su unidad de destino, el Grupo Perros sigue siendo responsable de la salud y bienestar de los canes del Ejército en todo el país. Esta responsabilidad incluye la sanidad del animal, el seguimiento de salud de cada perro y su atención médica en caso de ser necesario, y la provisión de vacunas y alimento.

Antes de adentrarnos al detalle del curso de Guía de Perro de Guerra, se procederá a brindar fundamentos teóricos sobre los que se trabajan, a los fines de adiestrar al perro, y capacitar al guía, ya que este es responsable del bienestar del perro y de las conductas que pueda desplegar en el terreno para coadyuvar al cumplimiento del objetivo militar. Un sólido conocimiento teórico práctico es necesario a los efectos de que el binomio perro-guía puedan desempeñar su rol de combate.

 

Fundamentos para el adiestramiento canino

La formación del guía y todo el trabajo del Grupo Perros tiene su basamento en desarrollos teóricos y prácticos sobre medicina y psicología del animal. El Curso de formación brinda una formación integral para que el guía pueda conocer el estado de salud de su perro y aquellos condicionamientos y acciones que le permitirán cumplimentar su rol de combate.

Una discusión en psicología animal es si los animales en general, y los perros en particular, poseen algún grado de inteligencia o de sentimiento. Al comienzo de la modernidad, cuando Descartes buscaba definir al ser humano por su capacidad pensante como elemento distintivo del resto de las criaturas, se consideró a los animales como meras máquinas que respondían a sus instintos, que pueden considerarse como conductas predeterminadas en la especie (instinto de alimentación, de presa, de persecución, de miedo, etc.)2. En términos actuales (cibernéticos), podríamos considerarlos como programas predeterminados (conductas estereotipadas) de base genética.

Una reelaboración de esta idea fue la del “reflejo condicionado” desarrollado por Pávlov en los inicios de los estudios científicos de la conducta; (que no es otra cosa que la aplicación de la relación causa efecto aplicada a la conducta animal: si cada vez que se toca la campana se provee alimento, se puede condicionar al perro para que reaccione ante la campanada y no a la presencia de la comida). Esta concepción se la conoce como el “condicionamiento clásico”; de esta concepción derivó una vertiente extrema que miraba al perro de guerra como una “máquina de matar”, que se la manejaba mediante el castigo físico, el miedo y el hambre.

En la actualidad, se trabaja con una versión positiva del condicionamiento clásico; más que castigar al perro para que no realice ciertas conductas, se opta por premiarlo reafirmando las acciones útiles a la función que debe cumplir. No se descarta la idea de que el perro se comporta de acuerdo a sus instintos, más bien, es por los “instintos” que tiene el perro, o sea, conductas ya predispuestas, es que puede obtenerse una acción útil de él; v. gr.: utilizar el instinto de búsqueda, para formar un perro de búsqueda y rescate.

Cada instinto debe graduarse según la tarea a cumplir por parte del perro de trabajo, los más generales son:

• el instinto de manada, aquél por el cuál el perro busca pertenecer a un grupo, pudiendo diferenciar a los que pertenecen al mismo y a los que no; este está emparentado con el jerárquico, ya que en la manada no son todos iguales.

• instinto de caza, actitud predatoria para la persecución y obtención de alimento de otro ser vivo, enfocado a la supervivencia;

• instinto de presa, sujetar fuertemente a la pieza de caza y sacudirla para darle muerte.

• instinto de rastreo y venteo: buscar moléculas de la pieza, sea en el suelo –para rastros materiales o antiguos– o en el aire, mediante la cabeza en alto, para orientarse por las corrientes de aire.

• instinto de lucha: aquel relacionado con el combate físico para responder a una amenaza o para lograr un objetivo.

• instinto de juego: así como lo hacen los niños, de cachorro el perro muestra predisposición a realizar conductas simuladas de la ejecución de los instintos anteriores; este instinto es fundamental para su aprendizaje.

Reflexiones más recientes postulan que el perro un tipo de inteligencia emocional, que tienen sentimientos y emociones, y ciertos procesos mentales que se podrían denominar de pensamiento. Estas ideas, que ahora pueden parecer obvias, resultan básicas en el adiestramiento canino, ya que la condición para que el trabajo entre el guía y el perro sea fructífero, es que se forme el binomio guía-perro. La conformación del binomio es lo primero que se busca en el Curso, dónde cada cursante trabaja con “su” perro, que es el mismo que se llevará a su unidad al finalizar el mismo3.

Es por ello, por la necesidad de conformar y establecer un buen vínculo entre el guía y el perro, que uno de los lemas con los que se traba es que todo “se transmite a través de la correa”; el perro es receptor de las emociones de su guía. Por ejemplo, si el guía se frustra cuando perro no puede superar el obstáculo en la pista, no logrará su objetivo con gritos o castigos; más bien, le transmitirá a través de la correa dicho estado de ánimo, haciendo que el perro pierda predisposición para el trabajo. En una situación así, se hace apartar al binomio de la actividad, hasta que el guía se recomponga. La transmisión de una predisposición de trabajo y de seguridad se vuelve crítica ante situaciones de riesgo como es el despliegue aéreo (en paracaídas o en helicóptero) del binomio.

Para adiestrar a los perros se realizan los cursos de Guía de Perro de Guerra que se realizan anualmente. 

Barreras Animales

Diferentes Ejércitos en sus Sistemas de Inteligencia y como medidas de seguridad, desarrollaron el concepto de “barrera animal”, entre los diferentes tipos de barreras, para la protección de aéreas, personas, información y variadas clases de efectos y recursos.

Casi todos los instrumentos militares analizados coinciden en que el perro es la herramienta más apropiada para este tipo de barrera y comprometen tiempo, esfuerzo de personal especializado y los recursos correspondientes para la producción, selección, adiestramiento, distribución, recolección y disposición final de los ejemplares necesarios para el cumplimiento de las exigencias y misiones específicas que demanden sus organizaciones, desde el punto de vista de la seguridad integral de las mismas.

 

Experiencias del Ejército del Reino de España

Desde el año 1988, el Ejército del Reino de España desarrolla lo que ellos denominan “Programa de Actualización de Perros de Trabajo Militar” con cursos de regular ejecución, algunos superando su vigésima realización y otros la quinta, y de una duración que va de las tres semanas a los cinco meses y medio de duración, tiempo diferenciado según la naturaleza del curso y el objeto de estudio y la finalidad de los mismos. Con respecto a esta última caracterización, ellas pueden ser:

• Adiestrar guías de perros detectores de explosivos.

• Preparar guías de perros detectores de drogas y estupefacientes.

• Formar guías de perros de seguridad y combate.

• Capacitar en aspectos básicos de cinotecnia (referido al mantenimiento operativo del perro de guarda y centinela en apoyo a la seguridad de las instalaciones militares).

• Formar guías de perros de búsqueda y rescate.

• Capacitar Instructores de guías de perros.

Otras características generales del empleo del perro como barrera animal en el ámbito mundial

Las razas preferidas por los ejércitos son el ovejero alemán y el ovejero belga malinois y, en las últimas décadas, la segunda raza ha avanzado notablemente en dicha preferencia y empleo por sus condiciones naturales de salud (raza no propensa a la displasia), su coraje, lealtad y por sus habilidades de olfato y agresión.

El empleo del perro de guerra, mayoritariamente satisface misiones de rastreo de personas humanas y explosivos y captura de agresores.

 

Introducción a la experiencia del Ejército Argentino

En la Fuerza, como una primera diferenciación del empleo del perro como barrera animal se clasifican en perros que circulan libremente por un área a proteger y vigilar o perros que cumplen dichas misiones bajo la conducción de un guía.

La resolución adoptada en seleccionar al perro como principal barrera animal se debió a su lealtad, natural sentido del olfato y el oído, posibilidades de empleo de día, noche y bajo cualquier condición meteorológica y fundamentalmente a la incorruptibilidad del animal.

Las situaciones de empleo de esta especie contribuyen a la detección y captura de agresores, detección de estupefacientes, detección de explosivos y detección de otros efectos.

Las principales debilidades o aspectos negativos que incidirían en el empleo del perro como barrera son las siguientes:

• Sus sentidos (especialmente olfato) son vulnerables a la pimienta, los aceites y agentes químicos.

• Dependerán exclusivamente de un guía, para la correcta identificación de un agresor o amenaza.

• Su tendencia a la familiaridad, impondrá que en lo posible sea adiestrado o responda a un solo guía, para optimizar o alcanzar el máximo de efectividad.


El curso

El curso tiene una duración de dos meses y medio y su objetivo es brindar conocimiento teórico y práctico sobre cómo ser un guía de perro de guerra. Se dicta en el Grupo Perros del Laboratorio de Remonta y Veterinaria 601 y pueden participar efectivos de las unidades del Ejército que consideren por doctrina en su estructura orgánica la inclusión de un perro de guerra –en caso de que no tenga sustento doctrinario, se puede incorporar un perro en una unidad si las necesidades del trabajo así lo disponen, como, por ejemplo, en las de Comandos–. Todos los años, el Curso cuenta con la participación de efectivos de unidades desplegadas en todo el país.

Se comienza con ejercicios en ronda con instrucciones básica “caminar”, “detenerse”, “acostarse”; de esa manera el perro comienza a acostumbrarse a la voz de su guía. Una de las técnicas de enseñanza que se usa es el alelo mimetismo, donde el perro incorpora las conductas del perro que tiene adelante por orden de manada.

El perro de guerra con orden de “quieto” observa atentamente alejarse a su guía, si bien la situación le causa ansiedad, no debe moverse hasta que el guía lo llame.

Suboficial Instructor orientando al cursante para que se dirija a la próxima estación.

El perro observa atentamente el rosto de su guía, esperando la próxima orden.

Retos y desafíos: el belga malinois es un perro muy intenso, demanda el cuidado y la atención de su guía. Este le debe proponer retos y desafíos donde se pongan en juego su destreza mental y física.

Ingreso al túnel. El perro se prepara para ingresar por lugares donde no puede ser acompañado por su guía y no puede ser conducido por la correa. Es normal que las primeras veces se niege a entrar por temor, que será vencido gracias a la perseverancia y el trabajo del guía.

El salto de empalizada es una de las pruebas más difíciles para el perro.

Este obstáculo integra todos las conductas adquiridas por el perro

El belga malinois espera ansioso a su guía para comenzar una jornada de adiestramiento. Se puede ver en la actitud del perro la predisposición para el trabajo y la energía que tiene la raza.

 

Epilogo

El vínculo entre el hombre y el perro se pierde en la noche de los tiempos, la evidencia muestra que el mismo se dio antes que el homo sapiens realizara su desarrollo cultural; algunas teorías sostienen que este vínculo fue uno de los factores que facilitó dicho desarrollo. La interacción entre ambas especies también trajo cambios en el perro, que fue adaptándose a las nuevas tareas que el hombre le daba, entre ellas, la de hacer la guerra. Esta última actividad –coadyuvante a la construcción del Estado–, fue perfeccionándose en la eficiencia de sus medios técnicos.

Sin embargo, pese a la introducción de tecnología sofisticada en el instrumento militar, el perro, por sus características instintivas, continuó considerándose un elemento que brinda capacidades tácticas, sea cumpliendo funciones de seguridad o en una tropa de asalto. En la guerra con características asimétricas el perro volvió a tener protagonismo como en la detección de artefactos explosivos improvisados. En Malvinas los perros, tanto por su agudo sentido del oído como por su sentido de manada, estuvieron junto a los soldados argentinos realizando el esfuerzo bélico.

No hay que proyectar características humanas al perro, como ser la nobleza o el heroísmo, el perro es la medida de su guía. Puede realizar las acciones –y tener las actitudes– para la que ha sido formado; disponer un perro de guerra apto para el servicio depende del trabajo y el esfuerzo realizado por un elemento específico de la Fuerza; no es producto del azar. En nuestro Ejército, es el Grupo Perros, de la Dirección de Remonta y Veterinaria, el responsable de la selección, adiestramiento y mantenimiento de los perros y de la formación del guía. Si hoy contamos con canes en las más diversas unidades, sea de Inteligencia, Asalto Aéreo o Infantería, es porque los integrantes de la unidad mencionada realizan a conciencia y profesionalmente la tarea encomendada.

El futuro del mundo es incierto, el problema no son solo las “nuevas amenazas”, sino también la velocidad con que aparecen en el escenario mundial, se diseminan a escala planetaria, y cuando pueden comenzar a ser controladas, emergen otras nuevas. En este contexto, una fuerza armada debe contar con la flexibilidad necesaria para adaptarse continuamente a cambios inesperados; en este contexto, el perro no solo puede cumplir una función, sino que –como vimos más arriba– tiene una gran plasticidad: debe estar en condiciones de realizar las más diversas tareas, desde la búsqueda de personas, seguridad y como elemento táctico en combate. Para el bien de nuestros soldados, de nuestra Fuerza y de nuestra Patria, hoy contamos con personas dedicadas y comprometidas a la formación del guía y del perro en base a los más profundos valores militares.

 

Referencias

1. Dr. F. Carreras. 2013. Asociación Argentina de Historia de la Veterinaria, Año XI, Nº 74.

2. Para Descartes el cuerpo es una máquina, y que la mente es “el fantasma en la máquina”: aquella voluntad pensante (soy porque pienso), que mueve brinda motilidad a la máquina; como voluntad pensante, la acción netamente humana es racional; lo que no quitaba la posibilidad de que el ser humano se comporte como un animal, cuando respondía a sus más bajos instintos.

3. Así puede diferenciarse entre lo que es un perro de trabajo y una mascota, sin desmerecer el valor que puede cumplir una mascota en una unidad militar, sobre todo una función moral. Sin embargo, la mascota militar carece de un responsable directo, está vinculado con todo el grupo humano, y su presencia es consecuencia de hechos azarosos o inoficiosos. Como vimos, el perro de trabajo tiene en el guía un responsable directo de sus conductas, debiendo desempeñar ambos rol de combate según las directivas prevista en la planificación.

 

Agradecimiento

La Dirección Editorial del Manual de Informaciones agradece a la Dirección de Remonta y Veterinaria por permitirnos la realización de esta nota. Hacemos extensivo este agradecimiento al Jefe del Laboratorio de Remonta y Veterinaria 601 por abrirnos la puertas de la Unidad y disponer de los elementos necesarios para realizar nuestra labor.

Por último, a la Sección “Grupo Perros” de dicha Unidad por su excelente predisposición; fue gracias a su generosa paciencia que pudimos adentrarnos en los pormenores del adiestramiento canino.

Somos conscientes que no pudimos acercar al lector toda la información y conocimiento sobre tan extensa y compleja materia, esperamos haber logrado un cuadro que refleje, a grandes rasgos, tan apasionante tema que a todos nos convoca ¿Quién, acaso, a lo largo de su vida, no ha tenido un perro con quién se haya vinculado como su mejor amigo?